La música tiene su origen en la búsqueda de lenguaje, esto es en la
necesidad de comunicación, las teorías etnomusicológicas formuladas
sobre todo a partir del último tercio del siglo XIX
que han tenido que ampliar significativamente en nuestra centuria el
marco cronológico a la hora de determinar la antigüedad del fenómeno
musical del hombre: su capacidad de distinguir diferentes alturas de
sonido y la facultad de proceder a la ordenación de estos, nos remontan a
hace unos 40 000 años, cuando el Homo Sapiens era capaz de imitar los
sonidos de la naturaleza y diferenciarlos de los que constituían la
estructura de su lenguaje, fue entonces con el llamado Homo musicus
cuando comenzaron a perfilarse las primeras expresiones musicales
asociadas a un hecho colectivo, rituales funerarios, cacerías y
ceremonias vinculadas a la fertilidad, formaban parte de una
cotidianidad de la que la música había entrado a formar parte por
derecho propio.
Estudiosos como Leo Frobenius y Constantin Brailoiu
nos recuerdan que el hombre, que concebía el cielo como una bóveda de
piedra, deseaba dominar la emisión de sonidos para que resonara en él
todo su territorio.
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